Existencialismo literario
El existencialismo filosófico y científico, aunque tengan puntos de coincidencia con el budismo, carece de un elemento característico de este, como serían los elementos paradójicos vinculados al desapego y una ecuanimidad que parece condicionar cualquier tipo de actividad.
Sin embargo, el repertorio existencialista también tiene algo que ofrecer en esta línea.
- "(...) hay que seguir, no puedo seguir, hay que seguir, voy pues a seguir, hay que hablar mientras se pueda (...) quizás ya esté hecho, quizás ya esté dicho (...) no lo sé, no lo sabré jamás, del silencio nunca se sabe, hay que seguir, no puedo seguir, voy a seguir ("El innombrable", Samuel Beckett, 1953).
Así como Monod podía verse como la modalidad en científico de Camus, Samuel Beckett podría entenderse como su versión artística. Cuando Camus popularizó su "hombre absurdo" ayudó sin querer a que la obra de Beckett fuese entendida. O malentendida, porque cayó sobre ella la etiqueta de "teatro del absurdo", con lo que parecía que no hacía falta intentar entender lo que hacían o dejaban de hacer sus vladimires y estragones.
Aunque su fama llega más bien por su teatro, en sus novelas (aunque las últimas hay que advertir que están en el límite de la legibilidad) es donde quizás aparecen sus momentos y personajes más logrados y, en particular, el hilarante (pero también deprimente) Molloy, autor de una frase que podría explicar un poco el pensamiento de Beckett (por cierto, pensamiento que el propio Beckett negaba insistentemente que existiese):
- "Hacía viento en la calle, era otro mundo. No sabiendo donde me encontraba ni, por tanto, qué dirección me convenía, tomé la del viento."
Conviene resaltar que
el Molloy de Beckett tiene unos cuantos compañeros en su perplejo viaje, como
el Bartleby de Melville, el Bardamu de Céline, el "paseante" de Robert Walser,
el Mersault de Camus o el "hombre que duerme" de George Perec, hasta el punto
de que se podría llegar a sospechar que hay algo en ellos que funciona de marca
para cierto tipo de literatura, y no precisamente la peor.
Otro buen candidato como puente entre la literatura existencial (en este caso en forma poética) y el pensamiento oriental es Fernando Pessoa.
Este poeta portugués atribuyó su obra a media docena de sujetos diferentes (que no eran pseudónimos, sino que cada uno de ellos tenía su propia historia, personalidad y pensamiento). De hecho, se podría decir que el pensamiento de mayor hondura de Pessoa no es el que escribió con su propio nombre, sino como Álvaro de Campos, que comenzó con una especie de panteísmo voluntarista, pasó por una crisis negativista y agresiva y acabó en un nihilismo suave y casi complacido, frecuentemente hasta con humor.
El carácter existencial de la poesía de Álvaro de Campos, especialmente en los poemas de su segunda época, es bastante evidente, pero puede resultar relevante señalar, aunque sea algo puntual, el uso en ellos de la expresión "náusea" (en el poema "Cançao a inglesa"), probablemente el primer autor que lo hace en este contexto de pesimismo existencial y, obviamente, no el último (es difícil resistirse a comentar que el título de la conocida novela de Sartre fue propuesto por el editor, ya que el título original de Sartre era "Melancolía"). Para confirmar este existencialismo "avant-la-lettre" de Pessoa, en otros poemas se completa la colección de referencias existenciales y se añaden a la náusea sartriana, otras como la parálisis beckettiana, el absurdo camusiano y, no podía faltar, la angustia heiddegeriana.
En cuanto al "lado oriental" de Pessoa, resulta también bastante claro en numerosos poemas, de los que se extractan a continuación algunos versos, a modo de ejemplo:
- ¡Lo que en mí ve todo esto es el propio esto!
- (O horror e o mistério de haver ser)
- Es inútil decirme que las acciones tienen consecuencias.
- Es inútil que yo sepa que las acciones acostumbran a tener consecuencias.
- Es inútil todo, es inútil todo, es inútil todo.
- (Chega através do dia de névoa)
- Tengo razón cuando no pienso.
- (Diagnóstico)
- La sutileza de las sensaciones inútiles,
- las pasiones violentas por nada,
- los amores intensos por lo imaginado en alguien.
- (O que há em mim é sobretudo cansaço)
- ¡Ser indiferente!
- ¡Ser ajeno hasta a sí mismo!
- ¡Olvidar que se existe!
- (Ser indiferente!)
- No tener emociones, no tener deseos, no tener voluntades,
- solo ser apenas, en el aire sensible de las cosas
- una consciencia abstracta con alas de pensamiento
- (Não ter emoções)
- Pensar en nada
- es tener el alma propria y entera.
- Pensar en nada
- es vivir intimamente
- el flujo y el reflujo de la vida...
- (Não estou pensando em nada)
- Ver las cosas hasta el fondo, pero
- ¿y si las cosas no tuviesen fondo?
- (Ver as coisas até ao fundo)

